Sobre IA, sesgos culturales y diseño centrado en el usuario

Es una realidad: la IA se coló en el desarrollo de contenidos. Ha ocupado puestos de ilustradores, modelos, diseñadores y escritores. Es súper eficiente y, al mismo tiempo, súper sesgada culturalmente.

Esto quiere decir que ChatGPT no es neutral. Como todo buen niño, aprende de sus maestros, y en este caso esos maestros son textos y contenidos escritos mayoritariamente en inglés y en los países de norte global. (Solo el 6 % del contenido está en español). Esto deja fuera relatos desarrollados por una gran parte de la población mundial: narrativas perdidas y visiones culturales distintas que simplemente no se consideran a la hora de elaborar respuestas.

A esto se le conoce como colonialismo algorítmico, que, en otras palabras, implica posicionarse desde la visión de los países del Norte Global.

Poco hablo con ChatGPT, pero esta vez fui a preguntarle qué opinaba al respecto, y me respondió:

“Yo no tengo identidad, pero sí estoy entrenado dentro de un sistema: datos mayoritariamente producidos en el Norte Global, marcos académicos dominantes, español ‘estándar’, lógicas racionales que suelen sonar masculinas, blancas, universitarias y con privilegio”.

¿Cómo influye todo esto en el desarrollo de contenidos?

El problema es que cada vez son más los contenidos desarrollados por IA. Es decir, se siguen alimentando las mismas narrativas y, lentamente, desaparecen aquellas que no se usan para construir los nuevos contenidos. Se genera un bucle infinito y altamente redundante.

El entrenamiento de las IA, basado en narrativas de progreso, eficiencia, emprendimiento y estilos occidentales, universaliza experiencias que no son reales en muchos contextos, traduce realidades locales a marcos ajenos y pone en riesgo memorias colectivas, cosmovisiones y narrativas que se salen del marco establecido.

El tono se aplana, las estructuras narrativas se repiten y las metáforas se empobrecen. La diversidad cultural que da riqueza a nuestros relatos se erosiona

Cada vez menos humanos y más máquinas

Perder un trabajo creativo a causa de la IA ya empieza a ser la “nueva realidad”. Es más rentable, más rápido, más fácil, mas… de lo mismo.

Los contenidos se escriben pensando en el SEO, las métricas y el engagement, pero se olvida al usuario: su contexto, su cultura y lo que es relevante para él. Se dejan de lado principios básicos del diseño centrado en el usuario —y ni hablar del diseño centrado en la vida—. Para la IA, la narrativa natural simplemente no existe.Tal vez, si se mira desde la óptica de la máquina, lo que hace es “educar al usuario” para ser más máquina y menos sapiens. Si todo es igual, no hace falta esforzarse tanto en pensar como los demás.

Relatos humanos

Mantener el relato en manos humanas no es una cuestión de nostalgia ni de resistencia al avance tecnológico: es una necesidad cultural. Contar nuestras propias historias es una forma de existir, de dejar huella y de transmitir aquello que no cabe en un modelo estadístico: la memoria, el conflicto, la contradicción y la experiencia vivida.

Generar nuestros propios contenidos implica asumir la responsabilidad de narrarnos desde nuestros territorios, lenguajes y cuerpos, incluso cuando hacerlo sea más lento, más incómodo o menos rentable. La eficiencia no puede ser el único criterio si lo que está en juego es la diversidad simbólica y la riqueza de los imaginarios colectivos.

Hablar de resistencia narrativa y creativa no significa rechazar la IA, sino negarle el lugar de autora central. Si dejamos que las máquinas cuenten nuestras historias, no solo perdemos empleos creativos: perdemos la capacidad de nombrarnos desde lo propio. Resistir, entonces, es seguir escribiendo, ilustrando, diseñando y creando desde la diferencia, incluso cuando el mundo nos empuje a la homogeneidad.

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