La semana pasada tuve la oportunidad de participar en un evento de emprendedores y se habló mucho sobre IA. La verdad es que no hace falta moverse de la silla para oír hablar sobre la IA y sus múltiples y maravillosas aplicaciones, pero ¿qué pasa con la comunicación y la inteligencia artificial aplicada a la generación de contenidos?
Lo cierto es que la comunicación, en general, enfrenta un reto importante para integrar esta tecnología de forma útil y sin perder el foco frente al espejito de la facilidad y la rapidez. Una misión que puede parecer complicada por la velocidad que lleva esta nueva tecnología; es como una ola en la playa que te toma por sorpresa y te revuelca entre risas y un poco de miedo.
Inteligencia Artificial hasta en la sopa
Abrir webs con textos casi iguales, ver redes con contenidos casi calcados pero maquillados con colores bonitos, se ha vuelto lo normal. Para muchos emprendedores y pequeñas empresas, tirar de la IA para crear contenidos de forma ágil es toda una ventaja, pero tal vez no son conscientes de que muchos están pensando de la misma forma, y la IA les propone soluciones similares a todos. Por más que el prompt especifique un tono y un tipo de contenido, parece que la IA responde con las mismas palabras… Ay, IA, es que ser creativo tiene que ver con la emoción, y ahí me parece que te quedas corta.
Más contenidos, más rápido, más alcance, más impacto… la industria pide más por menos. Según el Informe de Comunicaciones 2025 de Cision y PRWeek, “el 81 % de los líderes de comunicaciones sienten una mayor presión para maximizar el impacto con menos recursos en comparación con el año pasado.”
La estrategia de contenidos es la clave
Dejar en manos de la IA la creación de contenidos de una marca suele tener consecuencias inesperadas y no deseadas. Mientras algunos se soban las manos mirando los contadores de likes, otros perciben una pérdida de tono: aquella voz que poco a poco fue enamorando a una audiencia, ahora suena metálica, plana y aburrida.
Aunque algunos también apuestan por generar contenidos con IA y luego humanizarlos, como nos comenta DesignRush, creo que la lógica ganadora es la inversa, crear contenidos humanos para luego optimizarlos.
Perder el foco es fácil. Por esto, es clave trazar una estrategia de comunicación focalizada en mantener la relevancia y la conexión emocional. En otras palabras, es poner al usuario en el centro y comunicar pensando en sus intereses, no en los intereses de la marca o en la “creatividad” pegajosa de la IA, que cada vez se retroalimenta más a sí misma.
Una estrategia sólida que integre comunicación e inteligencia artificial necesita equilibrio, criterio humano y visión a largo plazo.
Antes de tirarle un prompt a la IA de turno, realízate estas tres preguntas: ¿A quién va dirigido? ¿Qué necesita esa audiencia? ¿Y qué valor aporta el contenido?
Pausa, toma café, luego vuelves al ordenador.
IA sí, pero de forma ética y sostenible
Usar éticamente la IA no es darle las gracias a cada respuesta o pedirle por favor: es considerar un par de principios clave.
Todos los contenidos que genera una IA parten de contenidos previamente generados por una persona, seguramente muy inteligente y, sobre todo, sensible. No hace falta ir muy lejos para recordar el revuelo que creó la moda de copiar miles y miles de imágenes al estilo del estudio Ghibli. Un estilo depurado por años y con un trabajo creativo espectacular, de repente se reproduce sin ningún pudor a nivel personal y comercial.
Consejo: Usa la IA como inspiración, pero busca siempre tu propio estilo y, en lo posible, deja la creatividad final en las manos de un humano.
La veracidad de los contenidos depende de las fuentes que use la IA para elaborar las respuestas. Y como todos sabemos, en la red hay de todo, desde pastafarianos hasta terraplanistas, y para la IA todo es contenido. No hay un criterio claro de distinción, porque, claro, generalmente es la persona la que tiene ese criterio de selección.
Consejo: Cada que generes un prompt, pide las fuentes que usó para elaborar la respuesta y toma cinco minutos para revisarlas.
La generación de contenidos por IA consume energía. Podría citar muchas cifras, pero creo que lo importante aquí es entender que cada petición — “hola, chat, vamos a empezar el día” — es como un trencito que parte por sus rieles de fibra óptica, dejando los humitos de la locomotora por todo el camino hasta llegar a su estación: un servidor enorme que tiene que leer el mensaje, pensar en la respuesta sin recalentarse mucho y enviar de vuelta una respuesta; otro trenecito que va alegremente de regreso dejando sus humitos por todo el recorrido, hasta llegar a ti: “Vamos allá, humano, seguro que hoy trabajaremos muy a gusto. Dime, ¿qué puedo hacer por ti?”
Consejo: Ten muy claro en qué quieres trabajar y elige preguntas estratégicas y completas que eviten tanto intercambio de información, energía y carbono.
La comunicación e inteligencia artificial deben avanzar de la mano hacia modelos sostenibles, donde la creatividad siga siendo humana, y la IA, una herramienta que potencia en lugar de reemplazar.
La IA no debería ser usada para reemplazar el trabajo creativo, sino para liberar tiempo operativo que permita a las personas hacer lo que mejor sabemos hacer: pensar con creatividad, aplicar la ética, crear relaciones reales y significativas, y resolver estratégicamente nuevos retos.
La verdadera promesa de la IA no es solo ahorrar tiempo, sino elevar el trabajo humano. Si ponemos el foco ahí, seguramente podremos beneficiarnos realmente de esta tecnología sin entrar en conflicto ético ni con los principios de la comunicación sostenible.

